La familia y el patrimonio familiar
En casi todas las civilizaciones y en casi todos los tiempos, la familia ha sido una de las instituciones más queridas y respetadas. Y la unidad familiar uno de los valores más buscados por la mayor parte de las personas.
Este fenómeno, casi universal, tiene especial importancia en aquellas familias cuyo liderazgo y espíritu emprendedor les ha llevado a impulsar y dirigir proyectos empresariales en torno a unos valores e identidad familiares y a alcanzar un patrimonio relevante dotado de una específica misión familiar. La pertenencia a una familia de estas características dota a sus miembros de una responsabilidad personal, familiar y, también, social mayor, y le proporciona grandes oportunidades. Para ello, es necesario que la familia se mantenga unida en torno a unos principios y valores básicos, propios y estables que conforman la misión del patrimonio familiar.
Una identidad familiar de estas características conlleva, en general, una excepcional fuerza generadora de valor para sus miembros y para la sociedad en su conjunto. Pero también supones fuertes retos y exige sacrificios personales. Retos que van desde la necesidad de dotar a los hijos de una educación acorde con su situación, haciéndolos responsables del legado que van a gestionar o recibir, a la obligación de dedicar mucho tiempo y energía a cómo y de qué manera maximizar el valor de las relaciones entre la familia y la empresa, la familia y el patrimonio o los tres elementos –familia, empresa y patrimonio- a la vez. La gestión del patrimonio alcanzado, en el sentido más amplio de la palabra gestión, es cada día más compleja. La cohesión familiar, siempre agradable pero no siempre fácil, se ve sometida a riesgos particulares en estos casos, con el objetivo de que el patrimonio sea un activo que conservar y disfrutar y nunca una fuente de conflicto.